Entropía: José Ramón Magallón Sicilia / Sylvia Pennings

Preguntado sobre la entropía por Alison Sky en una entrevista realizada en 1973 para la revista On site[1], el artista norteamericano Robert Smithson respondió que se trataba de un estado irreversible, un estado que se mueve hacia un equilibrio gradual y que se sugiere de diferentes maneras. Smithson puso varios ejemplos para ilustrar su idea, entre ellos el intento que Marcel Duchamp hizo por recomponer su Gran Vidrio, resquebrajado accidentalmente. Si en 1923 Duchamp decidió dejar la obra, dijo, definitivamente inacabada, en 1936, tras su intento de reunir todas las piezas aseguró que con las grietas en diagonal le gustaba más que antes. En la entropía, el planteamiento y el azar para Smithson parecen ser la misma cosa.

 

La entropía, segundo principio de la termodinámica, es la medida del desorden de un sistema. Dicen los expertos que la energía del universo tiende a distribuirse por todo el espacio en busca del máximo equilibrio, de la mayor estabilidad, de la mayor dispersión y probabilidad posibles, lo que provoca el gran desorden, el caos, la entropía misma. Señales de esta acción son las catástrofes naturales que interrumpen el aparente reposo del cosmos ante nuestra mirada fascinada por la destrucción.

 

La quietud de los paisajes sin narración de Sylvia Pennings arraigan en superficies fluviales donde se reflejan o hunden sus raíces, distorsionando la imagen para abrirla a la ensoñación. El azar parece dominar el proceso de creación de José Ramón Magallón Sicilia, cuando es la interpretación visual de los efectos provocados por el azar el motivo de su pintura. Claro que no conviene olvidar que en la entropía el planteamiento y el azar bien pueden ser la misma cosa. Una reflexión que es válida para las obras que Sylvia Pennings y José Ramón Magallón Sicilia presentan en la Galería A del Arte bajo el título de Entropía, entre otras razones porque los asuntos que les interesan son el azar, el orden, el caos, la imaginación, la incertidumbre, el deseo, la ensoñación, el destino, la distorsión, la impaciencia, el equilibrio, el desastre, y el vacío que de un modo u otro atiende la entropía.

 

En el deseo de atisbar un grado de estabilidad, ambos artistas disponen el montaje de sus obras según un orden que arranca con la serie de paisajes por Sylvia Pennings. Seguirán las pinturas y papeles de José Ramón Magallón Sicilia. En el punto intermedio, sus obras provocan el encuentro con el ánimo de activar en el espectador una extraña continuidad que se debate entre el equilibrio y la interrupción de cualquier indicio de estabilidad. Al espectador corresponde en última instancia organizar visualmente la cartografía de un espacio decididamente abierto a lo imprevisto.